Un bono es un préstamo hecho pedazos: el Estado (o una empresa) necesita plata, emite un bono, y miles de inversores compran pedacitos. A cambio, el emisor promete devolver el capital y pagar intereses (cupones) en fechas conocidas.
Los tres números de todo bono
Precio: lo que pagás hoy por el bono en el mercado.
Cupón: los intereses que paga (por ejemplo, dos veces al año).
Vencimiento: cuándo te devuelven el capital.
De la relación entre precio y flujos futuros sale el rendimiento (TIR): si comprás barato un bono que promete pagar mucho, tu TIR es alta — y suele ser alta porque el mercado le asigna riesgo.
Renta fija no significa riesgo cero
El precio del bono se mueve todos los días. 'Fija' es la promesa de pago, no el precio en el camino. Si lo tenés hasta el vencimiento y el emisor paga, cobrás lo prometido; si vendés antes, cobrás el precio del día.